Hogareño y comerciante, entrenador, directivo, entrenador y promotor del ciclismo, en paz, descanse.
Don “Cleto” Yáñez, mejor conocido así, por propios y extraños, Anacleto Yáñez González, no sólo se dio el gusto de ser ciclista “y de los buenos”, habiendo sido participante de varias de las ediciones de la “Vuelta de México”, además de otras tantas justas ciclistas de ruta a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, sino de haber sido un hombre hogareño, trabajador y comerciante de toda su vida.
Pero, su más grande legado, labrado en una pasión inigualable por el ciclismo, que ha dejado como tal, ha sido el de la incansable promoción y difusión de este deporte, habiendo sido el fundador y durante muchos años, organizador del tradicional Paseo Ciclista Familiar de Celaya, evento que ha visto el paso de cuatro generaciones, a lo largo de 41 años y 473 ediciones realizadas en la ciudad.
Fue un 18 de mayo de 1930, cuándo “El Incansable” vio la luz por primera ocasión, en los tiempos posteriores a la Revolución Mexicana; al cumplir los 17 años que se inició como ciclista en el lejano año de 1947, sin imaginar que el estar “sobre ruedas” marcaría el rumbo y destino de su vida de una manera muy peculiar y cómo fue reconocido en su haber, hasta sus últimos días.
Hijo de Anacleto Yáñez Aguirre y Eufrosina González Rendón, ambos de Cortazar, tuvo como hermanos a Beatriz, Juan, Raymundo, Hilario, Jesús, María y Angela.
De esta manera, don “Cleto” incursionó en el ciclismo de ruta, destacando en 1949 en la segunda edición de La Vuelta a México y en 1950, compitiendo en Aguascalientes dentro de una etapa del certamen en la que ocupó la tercera posición al final del recorrido.
Meses después, todavía en el mismo año, don “Cleto”, tomó parte en la tercera edición de La Vuelta de México “García Valseca”, compitiendo frente a representantes de Guatemala, República del Salvador, así como de los Estados Unidos; dentro de su palmarés como tal, en la quinta etapa del serial se clasificó como el mejor del estado.
Durante la sexta etapa, se accidentó en su paso por Irapuato, al sufrir una aparatosa caída, no obstante, don Cleto tuvo el temple necesario para levantarse y aún con las dolencias y golpes, continúo la travesía. Simplemente, “no se rajó”.
A los 33 años, se casó con su finada esposa, María de La Luz Manríquez Balderas, procreando a Elizabeth, Laura, Cleto, Octavio, Ydalia, Mauricio y Lupita, a quiénes a base de trabajo, habiéndose dedicado al comercio, los sacó adelante, quizá sin lujos, pero sí con lo necesario para vivir bien
Pero, por órdenes médicas, le obligaron a retirarse para salvaguardar su salud, lo que marcaría una pauta en su vida y en su trayectoria; esto se convertiría en uno de los golpes más duros sufridos, pues debió retirarse de las competencias, más no del ciclismo. Así, don Anacleto Yáñez González comenzaría su etapa como entrenador y directivo.
Para el año de 1967 organizó la Liga Municipal Celayense de Ciclismo; además de haber sido presidente de la misma, durante varios periodos en los que se dedicó a promover dicha disciplina con una serie de eventos a su cargo de manera directa.
Yáñez González, fue secretario y tesorero de dicha liga. En su calidad de entrenador, asistió el noviembre de 1972, encabezando la delegación de Guanajuato a los primeros Juegos Deportivos y Culturales Campesinos, en la delegación de la Magdalena Mixhuca en la Ciudad de México, obteniendo el primer lugar con Marco Aurelio Ramírez Carranco.
En 1973, en la segunda edición de los Juegos Deportivos y Culturales Campesinos, se agenció la segunda posición.
Siendo presidente de la Liga de 1972 a 1973, puesto que en 1974 fue sustituido, por lo que don Cleto, organizó en 1985 la escuela de ciclismo para niños, bajo su dirección, misma que funcionaría hasta el año de 1989, en la que cada ocho días se organizaban carreras para los pequeños en el Fovissste, donde retomó y reforzó su faceta como organizador; cabe destacar que cuando no organizaban carreras infantiles, junto con sus hijos, asistían al Instituto Tecnológico de Celaya a realizar ejercicio.
Don Cleto, preocupado por la seguridad de los pequeños que asistían, consiguió equipamiento como guantes y cascos usados, que se encargó de detallar y pintar para ser utilizados; su labor consistía en la de enseñar a conseguir el equilibrio en las bicicletas, la manera de pedalear, el tamaño adecuado de la bicicleta, según la estatura, posición del cuerpo sobre la misma y hasta el hecho de protegerse del viento en contra con un compañero adelante, haciendo equipo. Compartió todos sus conocimientos y amplia experiencia, además de organizar carreras para niños en edades desde los seis y hasta los 14 años.
En su momento, don Cleto buscó el que las autoridades tomarán muy en cuenta la construcción de una ciclopista para la práctica de este deporte; ese proyecto fue presentado en el año de 1975 y no fue sino hasta el 2003 que la ciclopista de la Unidad Deportiva Norte fue terminada, por lo que se le invitó a él a emitir su opinión acerca de la obra; sugirió algunas correcciones y años más tarde a manera de reconocimiento le fue entregada simbólicamente como “beneficiario ciudadano de la ciclopista” y en el año 2015, dicho espacio fue nombrado como “Ciclopista don Cleto Yáñez”, colocando una placa metálica, a un costado del edificio principal.
Tras retirarse como presidente de la Liga Municipal de Ciclismo, se dedicó de lleno a la organización y promoción de su “ópera prima”, el tradicional Paseo Ciclista de Celaya, que se mantiene vigente hasta nuestros días.
De esta manera y en el hecho de salir a pedalear con sus hijos por la ciudad, llegando hasta los rumbos de “Las Arboledas”, a su paso se ganó las miradas y admiración de los vecinos, por lo que fue cuestionado de si podían ir a pedalear con él, ante lo que les brindó la invitación y sin más, en la conmemoración del “día del ciclista”, el 30 de diciembre de 1984, fue que nació la primera edición del Paseo Ciclista Familiar de Celaya, con 250 participantes.
Y a petición de los mismos paseantes le sugirieron que se realizada todos los domingos últimos de cada mes, que fue como le dio forma a esa tradición en Celaya, la cual se mantiene hasta nuestros días, con un promedio de entre 250 personas por evento.
La finalidad del Paseo, que suma 473 ediciones, siendo gratuito, fue la de promover el ciclismo en los niños, así como la convivencia familiar y desde luego la activación física. Fue tanto tanta formalidad y fuerza que al final de los recorridos se realiza una rifa de regalos entre los participantes; en un principio, don Cleto donaba los obsequios, después la familia Yáñez asumió dicha responsabilidad, además de varios de los amigos paseantes, a manera de agradecimiento y reconocimiento.
Como dato anecdótico, muchos de los niños que en su momento pasearon, al paso del tiempo, regresaron, pero ahora como padres y a su vez, se sumó una cuarta generación de participantes que han sido parte de este singular evento.
En un momento, por razones médicas, don Cleto fue impedido de participar en su caravana ciclista multicolor como participante en su bicicleta, sin embargo, se dio el tiempo de abordar la camioneta guía, acompañando y supervisando de esta manera al contingente de manera ocasional. En su lugar, Laura Yáñez, su hija, retomó la organización del evento, con el apoyo del ingeniero Octavio Yáñez, su hermano y con el ánimo de sus nietos, es que el tradicional Paseo Ciclista de Celaya, sigue vigente y latente en Celaya.